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Liz Maizondo nos ha enviado este relato personal de sus visitas al Hospital del Niño.
Creo que no existe otra forma mas humana de expresar el amor a Dios, que no sea amando a nuestros semejantes tal como el nos amo….Hoy pudo haber sido un día más de septiembre, todo despertó igual como siempre, los mismos carros, el mismo cielo invernal y la misma gente, claro que la misa del domingo fue, extraordinaria, y aun me sorprende como cada día, Dios nos muestra el camino correcto de diversas formas.. Como el preciso momento en que el Padre menciono que el Señor Jesús para testimoniar el amor a los niños dijo -"Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis…”- frase que me dejo pensando por varios instantes hasta que dieron las 4 p.m. y llego la hora de partir y encontrarse con Jesús quien nos acoge y espera en toda persona que sufre, más aún si es pequeña e indefensa, era la hora de dar algo más, más de mis manos, más de mis brazos, más de mi tiempo, más de mi corazón. Un pasillo frío y dulce a la vez nos recuerda que estamos ahí nuevamente somos solo un grupo de jóvenes, dispuestos a dar lo mejor de nosotros con una sola meta, lograr una sonrisa de amor...!Las escaleras y los pasillos no parecen terminar, vamos acompañados de alguien que nos guía, y que decidió recorrer el camino del servicio un poco antes que nosotros, de repente, siento como mi corazón se agita cada vez más y más; y es que ya estamos cerca de ellos y algo me dice que hoy no será un día más de Septiembre, será simplemente un día especial, al pasar por algunas salas y encontrarme con tantos niños que sufren pensé espontáneamente nuevamente en Jesús, que amaba tiernamente a los niños y quería que los dejaran acercarse a él, y es que en el fondo yo también quería acercarme más. Por fin llegamos a nuestro destino por hoy “Pabellón medicina interna del Hospital del Niño”, somos recibidos cálidamente por una joven vestida de blanco, quien con una sonrisa y asintiendo nos invita a entrar. Y ahí están ellos con sus calidos corazones, tan faltos de amor a veces, tan faltos de luz, tan faltos de calor, tan faltos de ti, de mí y de todo... Ahí esta un Andrés con problemas para respirar ,un Euler, con soplo a su pequeño corazón, un Juan, un Pedro, un Jhon, una Lucia sin poder entender ni escuchar ahí están los niños preciosos , con una sonrisa hermosa que parece decir hola y a la vez adiós, ahí están a veces también su padres, con los ojos tristes preguntándose una y mil veces ¿por que a mí?, Ahí esta la sensación de olvido, de lagrimas secas en las mejillas, de ojos perdidos y de miradas vacías; y ahí también esta una de esas tantas mujeres de provincia que sin saber a donde, ni como, vino desde su natal Huancayo, sin tener a nadie en Lima, solo y únicamente, por uno de esos grandes dones que Dios entrego que se llama: “amor de madre”. Ahí esta Lucrecia amarrada del brazo de su pequeño, quien vino desde muy lejos no recuerdo bien el nombre, por ese amor que les dije, ese amor que fluye espontáneamente del corazón y que el espíritu acrecienta y refuerza, haciendo de esa silla de plástico junto a la cama de su hijo, su único hogar, por días semanas y hasta meses. Como ven nadie lo sabe, y mucho menos a nadie le interesa; mientras sigas ahí cómodamente sentado leyendo esto, quizás en el mundo cada hora muere un niño sin que nadie sepa que murió o quizá que estuvo vivo pero muerto en vida. Amigos míos quiero que sepan que los niños no solo necesitan dinero, los niños necesitan sobre todo gente con un compromiso personal y comunitario de hacer un inmenso esfuerzo de renunciar unos minutos a su tiempo, para dedicarlos a ponerse en contacto con la humanidad que sufre por que en toda persona que sufre, más aún si es pequeña e indefensa como nuestros niños, Jesús nos acoge y espera de nosotros algo muy simple únicamente AMOR… LIZ MAIZONDO ESTRADA Estudiante de Derecho Pontifica Universidad Católica del Perú 18 de Setiembre de 2006 |