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La Afectividad del Peruano PDF Imprimir E-mail
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Temas Peruanos - Psicología
domingo, 16 de julio de 2006

AfectividadEn el artículo "La Afectividad del Peruano" que les presentamos, escrito por el Dr. Jesús Alfaro Peñafiel, se muestra un panorama de aproximaciones a la afectividad de la persona, ensayando algunas ideas muy interesantes sobre las peruanas y los peruanos.

A continuación transcribimos la introducción a este artículo. El texto completo (43 páginas en formato Word) puede bajarse desde nuestra base de datos "Temas Peruanos" (enlace en el menú principal), bajo la categoría "Psicología", o desde éste enlace.

1. Introducción

LA INTUICIÓN
Un método para conocer al hombre peruano
 

Para conocer al hombre peruano, diferenciándolo del de otras regiones, se requiere contar con un método adecuado. Apoyarse en esquemas meramente racionales y numéricos no ofrece garantía de llegar a entender profundamente el carácter de un grupo de personas. La propuesta que aquí se plantea es conocer al hombre a través de la intuición comprobada de quienes tienen la sensibilidad para acercarse y conocer el carácter humano, es decir mediante un método afectivo.            

Estas breves notas son una apología de la idiosincrasia peruana desde el punto de vista de sus especiales posibilidades educativas. En realidad, cualquier carácter debiera ser esencialmente “educable”, si nos atenemos a las múltiples definiciones de la Pedagogía. Sin embargo, es necesario reconocer que pueden darse algunos factores psicológicos que hagan más cómoda la tarea educativa, si no en función de una hipotética permeabilidad natural, al menos en base al resultado de la combinación de determinados factores psicológicos.           

El sentido común ha creído ver en algunos temperamentos o rasgos caracterológicos una especial dificultad en orden a la eficacia de la tarea educativa; y de algún modo esto lo han corroborado la psicología pedagógica y la psicología clínica. Piénsese, por ejemplo, en los planteamientos hechos, con mayor o menor fundamento científico, a partir de las tipologías que en su momento tuvieron tan gran repercusión en el ámbito pedagógico.           

Es verdad que ha bastado un tiempo de maduración para asistir a la superación de las primeras ideas da la psicopedagogía, experimentales pero esenciales al mismo tiempo. Sin embargo, aún no se ha superado el tema central: la necesidad de una visión integradora de la naturaleza humana, que dé razón de la diversidad de rasgos individuales en los sujetos de la educación.           

Aún se camina a tientas, sin una antropología filosófica ya que el educador la rechaza o desestima, asombrosa e inexplicablemente. Así, con un débil o desestimado fundamento antropológico, las teorías psicopedagógicas se multiplican y sus dificultades siguen sin superarse.           

Este esbozo no pretende decirlo todo sobre las posibilidades educativas de la idiosincrasia del peruano. No me atrevo a hablar del “carácter peruano”, en parte porque sería pretencioso unificar el universo de variedades caracterológicas y temperamentales de los que habitamos este millón con su pico grande de kilómetros cuadrados de una geografía diversísima; de una cultura material y espiritual en crecimiento casi inercial; y de una múltiple herencia histórica configuradora de cuadros de civilización heterogéneos pero convergentes.           

Así como no puede existir el alemán, el keniata o el ‘gringo’ típicos, tampoco existe el peruano típico. Ni siquiera el costeño, el serrano o el norteño típicos. Sin embargo, la observación intuitiva de las conductas de quienes habitan separadamente costa, sierra, norte, etc. , nos manifiesta una constante suficiente como para decir, por aproximación que estos tipos son efectivamente reales.           

Cualquiera que conoce a un oriundo de Arequipa, o de Piura, lo califica de ‘típico’ si encuentra en él determinados rasgos de conducta consecuente, en teoría, con un carácter o un temperamento fijos, definidos, ‘estereotipados’, ciertamente. Toda esta vaguedad conceptual, que no tiene otro objetivo que distinguir tipos y señalar rasgos diferenciadores (tipificar, hacer típico los que sobresale), en el ámbito de la convivencia diaria, es suficiente y hasta válida.           

Sin embargo, la ciencia pedagógica, urgida por sólidas exigencias de orden filosófico, pretende un rigor mayor. Debe extraer lo mejor del yo individual contando con datos confiables, al nivel en el que otras ciencias se mueven. Es verdad que, al tratarse de una ciencia humanística, debe admitir “a priori” un amplísimo rango de variabilidad estadística en sus datos esenciales (las notas fundamentales de la naturaleza humana individuada); pero busca, al mismo tiempo, por ese camino la conformación de criterios cada vez más definidos.           

Hurgando en la bibliografía posible sobre el tema que nos ocupa, he comprobado que J.C. Mariátegui quiso opinar sobre los contenidos básicos que nos interesan en muchas de sus notas; pero lo hizo de modo eventual y casi anecdótico; Víctor Andrés Belaúnde dejó escritas también algunas opiniones, pero solo comentaban las del ilustre ensayista decimonónico. Después, Basadre completó en  sus Memorias algunas opiniones propias, que tampoco configuran un mínimo cuerpo doctrinal. Y otro tanto sucede con Luis Alberto Sánchez.           

Modernamente, Luis Lumbreras y Federico Kauffmann, desde ámbitos ideológicos definidos, suponen rasgos o aventuran tipos, especialmente en el peruano que ya no existe, en el fundador del Perú. Pero ya sea porque sus opiniones proceden de planteamientos ideológicos o porque tampoco pretenden constituir bases para el estudio de la idiosincrasia peruana, tenemos que reconocer que es este  un primer esbozo a partir del cual podremos ponernos de acuerdo.            

En primer lugar, debo decir que respeto la posición de quienes afirman que es imposible (o simplemente muy difícil) esquematizar con alcance científico, los rasgos caracterológicos de los peruanos; como no es el momento de precisar lo que debemos entender por ‘científico‘, simplemente me limitaré a respetar esta posición y a señalar que no la comparto. Creo posible subrayar algunas constantes en la conducta de los habitantes del Perú, de tal forma y acudiendo a una metodología tal que los resultados obtenidos sean suficientemente confiables para la pedagogía.

 
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