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Un día de verdad en el Hospital del Niño (Marco Caldas) PDF Imprimir E-mail
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PobreEl mejor 
jueves, 03 de agosto de 2006

Marco Caldas nos ha enviado este relato personal de sus visitas al Hospital del Niño.

Un día de verdad en el Hospital del Niño 

Cuando me invitaron a visitar a los niños en el Hospital, tenía mucho miedo de no saber qué hacer, ni qué decir estando con niños convalecientes. Sin embargo, tantas veces me había quedado en el “Me gustaría ir…” o “Si tuviera la oportunidad de ir…”, que no era lógico desaprovechar esta oportunidad concreta. Ya no era un buen deseo, era una cita con lugar, fecha y hora.

Acudí con un monto adicional de dinero al punto de encuentro, pues no tenía idea qué cosas teníamos que comprar para los niños. Sinceramente, me imaginé que tendría que comprar muchas cosas. Sorpresa grande la mía, cuando con 10 soles me pude stockear con más de 15 pañales. Ahora ya me sé las tallas (M, G, XX, XXG), pero ese día (recuerdo) era un completo ignorante en esta materia.  Compramos además algunas galletas, papel higiénico y un par de carritos de juguete.

Al entrar al hospital, volví a sentir el frío de no saber qué hacer. Sin embargo, una vez en sus cunas (no sé cómo) ya estaba haciéndole gestos, haciéndolos reír, jugando con ellos, dándoles galletas, hablándoles, no sé. Mil cosas. Me sentí muy bien, y lo mejor de todo, es que los papás y los mismos niños sintieron (al menos por 10 minutos) que alguien más se preocupaba por ellos. Una experiencia reconfortante. Los padres de los niños parecían como si estuviesen esperando esta oportunidad para conversar acerca de sus problemas. De pronto, me ví envuelto en una situación en la que lo único que le daba ánimo a estos padres, eran mis palabras. Gran responsabilidad!! En este punto, mis problemas cotidianos del trabajo y estudio, se comenzaron a ver súper minúsculos, hasta me avergoncé de tenerlos. Venía para ayudar, y resultó que el ayudado finalmente terminé siendo yo.

Han pasado algunos meses desde la primera vez que fui al Hospital, y la experiencia cada vez se vuelve más bonita y enriquecedora. Cada vez más niños, cada vez más padres, cada vez más ayuda de verdad. Muy lejos quedaron los buenos deseos, ya no hay espacio para ellos. Los niños nos están esperando de verdad.

Marco Caldas
Ingeniero Informático
Pontifica Universidad Católica del Perú
Lima, 3 de agosto de 2006

 
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