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No fue un Domingo cualquiera (Omar Chavesta) PDF Imprimir E-mail
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PobreEl mejor 
martes, 29 de agosto de 2006

Omar Chavesta nos ha enviado este testimonio acerca de su visita al Hospital.

No fue un Domingo cualquiera

Cuando me dijeron para participar en las visitas al Hospital del Niño, no lo pensé mucho, si es algo para ayudar, hay que ir de todas maneras. Además cuando era niño ya había participado en actividades similares anteriormente pero creánme que ahora a la edad que tengo, fue una experiencia diferente. Diferente quizás por la edad, en el que uno valora muchísimo más las cosas y se dá cuenta de lo que sucede en realidad aunque sea por la televisión y por lo que ve en la calle. Pero participar y ayudar directamente de una manera activa al interactuar con niños con mil y un problemas de salud es totalmente diferente, hacerlos reir, compartir sonrisas es una experiencia harto enriquecedora.

La visita comenzó abasteciéndonos con un grupo de amigos de un arsenal logístico que consistía en diversas cosas con las que se puede ayudar: libros para colorear, juguetes, colores, chupetines, galletas, pañales y otros. Una vez abastecidos nos dirigimos a la entrada del Hospital, la expectativa era enorme. Apenas entramos al primer pabellón conocí a Jhon un chico al que no tenía idea de lo que tenía, que en el momento era lo de menos, un amigo mío le regalo un pinball con 99 juegos y fue justamente con el juego con el cual comenzamos a conversar....."Si quieres te enseño a jugar"...."ya" me dijo, pero me sorprendí tremendamente cuando el que sabía utilizar el juguete era él y no yo.  Después de compartir un rato juntos terminé por saber que le encanta el fútbol, es mas una vez rompió su televisor de un pelotazo en su casa... y que lógicamente el juguete que le había regalado mi amigo, ya lo había jugado antes.

Así fui conociendo a muchos niños en los pabellones a los cuales teníamos que visitar, hasta que conocí a Ninoska, una niña de 5 años quien lloraba por su madre, lloraba de una forma que sólo un niño lo hace y la verdad  no sabía si acercarme o no.  Para mi buena suerte una amiga mía se le acercó, yo fui con ella y ahí sucedió, el momento que más recuerdo del domingo, el de arrancarle una y más sonrisas a Ninoska. Fue increíble, primero porque no tenía idea de como hacer reir a una niña y segundo, fue lo más natural del mundo, sólo sé que hacerla sonreir la ayudó a ella y a mí. A ella porque pudimos hacerla olvidar de su llanto y a mi porque fue algo que me alegró tremendamente al poder ayudarla.

Y asi fue como pasó la visita del domingo, mas que seguro que no será el primero, ya que tengo que jugar fútbol con Jhon y hacer reir nuevamente a Ninoska y conocer a un montón de niños más. Algo realmente diferente y fuera de la rutina , pero sobre todo enriquecedor.

Omar Chavesta
Ingeniero Industrial
Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas
Lima, 29 de Agosto de 2006

 
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